1/4/09

No sabía hasta que punto era cierto, pero estaba deseosa de creérmelo… tanto es así, que había conseguido calar, e imaginármelo al dormir. Casi tanto como el hecho de, entre unas y otras cosas, haber conseguido que te encandilara la lectura. Cotilla, como solo una persona como esa sabia serlo, se había mantenido fiel (si su torpe memoria se lo permitía) a la hora de leer línea tras línea un texto que esperaba esconder alguna especie verdad que pudiera aplicarse a su día a día. Lo imaginaba con voz cansada y agrietada, como cuando decía “adiós” después de un último beso antes de irse. En su mano derecha un libro, lo mantiene abierto gracias al pulgar.... la mano izquierda aprieta fuerte la mía, ambas descansan sobre mi pecho. Y sigo tumbada con mi cabeza en sus rodillas, acariciando con mi nariz una camisa dueña de un olfato, que se filtra de manera tal, que alcanza hasta mi sueño... Sigo así de dormida. Se difumina todo, incluso el lugar en el que nos sentamos, hasta tal punto que no se si estamos en unas escaleras o en un banco.... se difumina todo, te repito, todo menos él y yo. Y su mano derecha sigue apretándome fuerte, como si él mismo fuese el más consciente de que solo se trata de un sueño, descansando sobre mi pecho. Parece que percibe el latir de mi corazón, y sin querer, eso va marcando su ritmo de lectura. Sereno y suave, muy suave... sigue leyéndome. Ayudándome a imaginar cada detalle inundándolos con tu voz, una voz que va perdiendo protagonismo, relevada por su perfume.

No hay comentarios: