Tenía miedo, tenia miedo solo por que podría demostrármelo. Me aposté un par de noches a la luz de nadie. Pasaban poco a poco los días, y aunque la oportunidad era mínima… me alentaba. Sabia que aunque mirara a los lados y estuvieses ahí, cada vez que durmiese a tu lado, y tuviera sueño no vigilarías que descansase bien, y después de mucho pensarlo… lo mejor era fingir que no me importa tanto. Tomé mi postura de pensar, recostada en la silla guiñé un poco los ojos, y busqué cosas positivas y negativas. De repente recordé ese día, aquel instante. Todas las cabezas, tantísima gente… la música, el ambiente. La seriedad y los nervios se mezclaron, te buscaba con la mirada. El corazón se aceleraba mientras mi cara reflejaba el temor a que no estuvieras… pero cuando te encontré, no pude más que sonreír de alivio. Pensé, teniendo en cuenta todo el barullo y que, posiblemente, no te importaría demasiado si yo estaba o no, mirarte y comprobar que estabas bien. Fue raro. Como un sobresalto, como esa especie de vacío entre pecho y espalda. Cuando crees que no sabe que existes, y vuestras miradas se cruzan… serias, distantes… Pensé, teniendo en cuenta todo el barullo, que, posiblemente, no le importaría demasiado si yo estaba o no. . .
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