2/4/09

CARTA DE ELLA
Cariño… y perdóname que te llame como llamé a tantos otros, te advierto: no soy plenamente consciente de lo que hago. Lo intento, pero no consigo neutralizar ésta página en blanco, no tengo vocabulario cuando se trata de escribirte a ti. No puedo decir “Si tú supieras…” porque ya lo sabes, porque me conociste a través de las locuras, de las sonrisas y vueltas… de todo lo que hicimos juntos.
Me siento absurda ¿Qué hago escribiéndote esto? Como si por alguna casualidad se me pasara por la cabeza la sola idea de entregarte esta carta. Te lo dije la primera vez que te vi en persona: ME ENCANTAS. Y desde la primera mirada sonreíste satisfecho, como si desde el primer momento supieses que iba a ser para ti. Recuerdo la primera vez que hablamos, y la melodía que nacía al contacto de mis dedos con el teclado, he de admitirte, nunca me había sentido tan libre como entre esas cuatro paredes.
Me encantas, como me encanta que me mires… eres el mejor café, el que mejor desvela. Tengo que confesarte… que me tengo miedo, se que eres libre… y que saltas de princesa en princesa, todas ellas caen al escuchar ese piropo que incansablemente una tras otra repites.
Perdóname, te insisto.
Me daría dos hostias para cambiar esta cara tan expresiva que tengo… y que no parezca esa sonrisa que a tus palabras se refiere en las noches que paso en vela. No pienso… “verde, que te… verde”. Y nace en los apuntes de la carta otro tachón. Ya no sé donde esconderme… cuando huyo de mi misma. Me quiero renovar para ser capaz de elaborar un encanto con nombre propio que hipnotice a tu don de gentes.
Equivocarse una vez es humano, dos comprensible… tres, es de idiotas.

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